Escribir
por escribir 2 (Los profesores)
Se suponía que debía tener una rutina escribiendo.
Vamos mal, llevo 3 meses y 4 días sin escribir por escribir.
La rutina es algo que no se me da, en lo poco que he estudiado, el
método era: tocarme las narices hasta que le veía las orejas al
lobo o de pascuas a ramos sentarme media horita. A pesar de haber
sido enseñada por jefas rutinarias y seguir el protocolo, en cuanto
desaparecía la jefa desaparecía el protocolo. Si a esto le añadimos
un desorden natural y mi interes inusitado por las moscas volando...
lo tengo jodido. En fin, haré lo que pueda que no quiero disgustar a
mi profe ¡criaturita, son tantas las esperanzas que tiene
depositadas en mi! Menos mal que no es de esos que te echan la bulla
o te hacen sentir culpable por el supuesto talento que albergo y que
con tanto ahinco malgasto. Tal vez sea por que al fin y al cabo no va
a clase a pelear, y nadie le pide cuentas por los “degeneraos”
que le tocaron. Pero el pobre se ilusiona de vez en cuando y nos
sentimos (un poquito) culpables. Es un buen chaval, todavía en fase
de construcción, no como yo que me derrumbo ya por las esquinas.
Cree que el mundo se puede cambiar y trabaja para ello. Bien, esto es
cierto, el mundo cambia, pero generalmente el cabrón no lo hace como
uno pensaba, a los años te das cuenta de que sí -en equilibrio
inestable- pero no estás seguro de que te guste. Pero mientras tanto
no está ocioso y va viviendo.
En mi carrera académica que me llevó a conseguir el
título de Graduado Escolar he tenido excelentes profesores, pero
sobre todo, pacientes... muy pacientes. El primero llegó a darme
clases en su propia casa ante el espanto de su “family” le
gustaba hablar conmigo y a mi con él. Entonces yo (como muchísimos
españoles) no tenía ni idea de lo que era la política, era la
época de Franco y el sistema se encargaba de que así fuera. Se
denominaba democrata-cristiano (supongo que ahora estará cercano al
PP) saqué muchas enseñanzas de él, lo que no me saqué fue el
Graduado pero lo intentó más allá del deber.
Otra profesora era una monja que después de estar todo
el santo día dando clases a los alumnos con pasta, utilizaba el
mismo colegío para enseñar a gente como yo, gratis. Mira tú,
igual he estado sentada en la silla de un futuro ministro, su culo y
el mío compartiendo el mismo espacio. Era brillante (la profesora,
no el culo) y tenía el don de hacernos comprender. Tenemos que tener
en cuenta que solo sabíamos que no sabíamos nada. Que no teniamos
costumbre de estudiar y que todo prácticamente era nuevo para
nosotros. Pero la Sor encontraba el camino fácilmente. En los
exámenes tuvo un porcentaje alto de aprobados (no fue mi caso). Fui
muchas veces a visitarla y era recibida como una condesa. Jamás me
echó en cara el suspenso y yo tampoco lo saqué a colación.
Y el último, que tuvo la dicha de verme graduada, era
muy “heavy”, funcionario y tan izquierdista que IU se le quedaba
pequeña. Próximo a la jubilación decidió no discutir con aquellos
ceporros maleducados, que por obligación estaban allí. Tal vez fue
por eso por lo que aprobé, no estaba por obligación y me
interesaban las clases. Esto fue en el 2008/9, los chavales
desmandados, pasando del profe, aburridos y jaleosos. No es que se le
hubiera ido de las manos la clase, es que esperaba pacientemente a
que se agotaran y seguía con la lección. Lo que pasa que con esa
táctica se adelantaba poco, pero daba igual, para los que iban a
aprobar... Así que cuando miró las notas en Plasencia y vio que una
alumna suya había aprobado un grupo, se llevó un alegrón. -Lo más
dificil está hecho- me dijo- Con la cultura que tienes le metes mano
a la gramática y apruebas en septiembre. Lo que me gustan las
palabras y lo odiosa que es la gramática coño. Pero el profe me
puso las pilas (bien es cierto que ya no me acuerdo de nada) y lo
conseguimos.
