jueves, 23 de marzo de 2023

 

CUENTO 1


Ponerse a escribir y ya está.

    Llevo pensando en escribir demasiado tiempo. Tengo miedo de empezar. Todo cambio me molesta, hago cualquier cosa antes que hacerlo -nadie me obligó- como si comenzar un triste cuento fuera enfrentarse a la muerte. Así que me dejaré llevar por la escritura automática. Al lio...


Erase una vez una princesa paliducha muy ducha

que soñaba con muy principales príncipes

los adornaba con colgantes elegantes

y comiendo la fabada en lata -de plata- .

El padre avaricioso, rencoroso, moroso

quería un rey hecho y derecho

de reino extenso, hermoso, glorioso.

A mi que me falta el gen de loa poesía

me sale esta cosa tan rara y descosía.

Se nota a lo lejos que no tengo ni idea

de los que llevo entre los pulpejos.

Ahora tendré que meter en un lio

a la princesa, al rey o a su tío.

Mejor la princesa, el personaje tunante,

descerebrado, ignorado, apabullante.

-Todo esto lo hago para que rime

y que los lectores me estimen.

La historia saldrá por peteneras

y saliendo el sol por donde quiera.

Por lo tanto ni preocuparme

de lo que salga aquí sin persignarme.-

Entonces...la princesa...el rey...

el gato del tío...ya sabéis...








La princesa se casó con un rey lechoso

se fue a su reino pretencioso

y cuando se aburrió de tanto traje,

tanto afeite y tanto talante.

Se dedicó a las obras pías

conociendo a muchas arpías.

Tuvo muchos hijos que educó cristianamente

y cuando fueron mayores se mataron cruelmente.

Cuando se tiró por un escalón

su corazón se paró...chimpón.


¡Flipo con lo enfermo que está mi cerebro!



lunes, 10 de julio de 2017

Escribir por Escribir 2

Escribir por escribir 2 (Los profesores)

Se suponía que debía tener una rutina escribiendo. Vamos mal, llevo 3 meses y 4 días sin escribir por escribir. La rutina es algo que no se me da, en lo poco que he estudiado, el método era: tocarme las narices hasta que le veía las orejas al lobo o de pascuas a ramos sentarme media horita. A pesar de haber sido enseñada por jefas rutinarias y seguir el protocolo, en cuanto desaparecía la jefa desaparecía el protocolo. Si a esto le añadimos un desorden natural y mi interes inusitado por las moscas volando... lo tengo jodido. En fin, haré lo que pueda que no quiero disgustar a mi profe ¡criaturita, son tantas las esperanzas que tiene depositadas en mi! Menos mal que no es de esos que te echan la bulla o te hacen sentir culpable por el supuesto talento que albergo y que con tanto ahinco malgasto. Tal vez sea por que al fin y al cabo no va a clase a pelear, y nadie le pide cuentas por los “degeneraos” que le tocaron. Pero el pobre se ilusiona de vez en cuando y nos sentimos (un poquito) culpables. Es un buen chaval, todavía en fase de construcción, no como yo que me derrumbo ya por las esquinas. Cree que el mundo se puede cambiar y trabaja para ello. Bien, esto es cierto, el mundo cambia, pero generalmente el cabrón no lo hace como uno pensaba, a los años te das cuenta de que sí -en equilibrio inestable- pero no estás seguro de que te guste. Pero mientras tanto no está ocioso y va viviendo.

En mi carrera académica que me llevó a conseguir el título de Graduado Escolar he tenido excelentes profesores, pero sobre todo, pacientes... muy pacientes. El primero llegó a darme clases en su propia casa ante el espanto de su “family” le gustaba hablar conmigo y a mi con él. Entonces yo (como muchísimos españoles) no tenía ni idea de lo que era la política, era la época de Franco y el sistema se encargaba de que así fuera. Se denominaba democrata-cristiano (supongo que ahora estará cercano al PP) saqué muchas enseñanzas de él, lo que no me saqué fue el Graduado pero lo intentó más allá del deber.

Otra profesora era una monja que después de estar todo el santo día dando clases a los alumnos con pasta, utilizaba el mismo colegío para enseñar a gente como yo, gratis. Mira tú, igual he estado sentada en la silla de un futuro ministro, su culo y el mío compartiendo el mismo espacio. Era brillante (la profesora, no el culo) y tenía el don de hacernos comprender. Tenemos que tener en cuenta que solo sabíamos que no sabíamos nada. Que no teniamos costumbre de estudiar y que todo prácticamente era nuevo para nosotros. Pero la Sor encontraba el camino fácilmente. En los exámenes tuvo un porcentaje alto de aprobados (no fue mi caso). Fui muchas veces a visitarla y era recibida como una condesa. Jamás me echó en cara el suspenso y yo tampoco lo saqué a colación.

Y el último, que tuvo la dicha de verme graduada, era muy “heavy”, funcionario y tan izquierdista que IU se le quedaba pequeña. Próximo a la jubilación decidió no discutir con aquellos ceporros maleducados, que por obligación estaban allí. Tal vez fue por eso por lo que aprobé, no estaba por obligación y me interesaban las clases. Esto fue en el 2008/9, los chavales desmandados, pasando del profe, aburridos y jaleosos. No es que se le hubiera ido de las manos la clase, es que esperaba pacientemente a que se agotaran y seguía con la lección. Lo que pasa que con esa táctica se adelantaba poco, pero daba igual, para los que iban a aprobar... Así que cuando miró las notas en Plasencia y vio que una alumna suya había aprobado un grupo, se llevó un alegrón. -Lo más dificil está hecho- me dijo- Con la cultura que tienes le metes mano a la gramática y apruebas en septiembre. Lo que me gustan las palabras y lo odiosa que es la gramática coño. Pero el profe me puso las pilas (bien es cierto que ya no me acuerdo de nada) y lo conseguimos.

miércoles, 19 de abril de 2017

Escribir por escribir

Escribir por escribir

Facebook se ha convertido en un libro de recetas y consejos, recetas y consejos sobre (con, contra, para, desde, hasta, bajo) el amor, la moda, la salud, la gastronomía, el bricolage e incluso -Por eso este escrito- la creación literaria. Una página te daba un consejo: que según te levantaras escribieras -no importando el que- tres páginas manuscritas. Como yo tengo las manos como las tengo, procuraré escribir un folio con el editor de textos. Elegiré la fuente Times New Roman con un tamaño de 14. Y mientras esto escribo navego por la red intentando averiguar porqué el nombre de la fuente y con que se mide el tamaño. Times New Roman se llama así por el prestigioso diario londinense que en 1930 encargó a dos señores un tipo de letra que se haría famoso. Entonces la fuente tenía otro significado. En tipografía las fuentes tenían un diseño y un tamaño específico, si el diseño era el mismo pero el tamaño no, se trataba de otra fuente, pero eso sí, de la misma familia. En informática se inventó la letra vectorial –de ahí que podamos cambiar tan fácilmente de tamaño y que la letra no se pixele y los distintos tipos de fuentes -en informática- se distinguen tan solo por el diseño. Y en cuanto al tamaño copio y pego. La unidad de medida que se utiliza para los caracteres son los puntos. Un punto (en tipografía) mide, aproximadamente, 0,035 centímetros. Hay 72 puntos en una pulgada (72 ppp); esto es, 28,3 puntos en un cm. Lo normal es usar un tamaño de 10 a 12 puntos para el texto del documento. Los títulos suelen aumentarse un mínimo de 2 puntos. (Ya lo leeré con más calma, que no creas tú que me he enterado de mucho). También decía la web, que se escribiera sin pensar (cosa que he omitido) hasta terminar las tres páginas. Casi que le voy ha hacer caso, porque realmente no se como continuar.

Fíjate tú, el programa de OpenOffice Writer tiene un apartado estadístico donde te informa de la cantidad de páginas, párrafos, palabras y caracteres -entre otras cosas- que contiene el documento activo. Es increible la de herramientas que tiene un programa como este. Antes para elaborar un documento con letras, fotos, gráficos y tablas tenías que sudar la gota gorda. Ahora estás exenta de todo ese trabajo y tan solo te tienes que concentrar en que quede equilibrado y a ser posible bonito. ¡Y la cantidad de programas que existen! Todos igual de efectivos y espectaculares. Un gran avance que también tiene su lado oscuro: Se necesita menos gente para hacer las mismas cosas. Y sin embargo ha pesar de todo esto las cosas no se abaratan -cosas del ser humano proclive a subir los precios en cuanto le sube una materia prima (Un céntimo y sube 20, como en el parchís) y a mantenerlos cuando bajan (ya vi ese efecto perverso cuando cambiamos al euro).
Número de páginas de este documento: 1; Párrafos: 4; Número de palabras : 518; número de caracteres: 2943.

Corto y cierro. ¡Reto conseguido!

martes, 18 de abril de 2017

"Venirse Arriba"

   Se ha puesto de moda la frase “venirse arriba”, Siempre me ha sonado mal. Para que una cosa, una persona, un sentimiento se vaya hacia arriba es necesario que alguien la transporte, que utilice sus piernas o la voluntad.


En “venirse abajo” no es necesario, cae por su propio peso. Cuando una persona se “viene arriba” ha sido transportada por la osadía y se ha gustado tanto que, como un cohete, solo dejará de volar cuando reviente. Pero, arriba no hay nadie, nadie nos espera ni nos ve venir, al contrario que “venirse abajo”. Supongo que alguien tubo un “lapsus” y confundió las direcciones, pero nos hizo gracia y de boca en boca la frase se ha extendido tanto que ahora lo que suena raro es “venirse abajo”.

viernes, 7 de abril de 2017

El Ángel

Comienzo con un ejercicio mandado por el profe. Este consiste en describir un personaje pero sin descripción física.

El Ángel

Cuando llegaba él, la reunión se animaba. Repartía sonrisas como bendiciones papales y antes de sentarse ya tenía su bebida en la mesa. Si la conversación estaba mortecina, la revivía, si atascada, se volvía torrente, si no existía, la creaba. Todos sacaban lo mejor de si mismos cuando él escuchaba. Y cuando hablaba, todos se sentían únicos. Las chicas caían bajo el embrujo de sus palabras, el hechizo de su mirada y su porte de faraón. Las madres le veían como el yerno maravillas, incapaz de un mal gesto, paciente hasta el infinito, amable sin empalago. Y los padres como a a un hijo ideal: varonil y valiente como un héroe antiguo. Todo el mundo veía lo mejor, lo excelso, lo sublime en esa persona única que tuvieron la dicha de conocer. Tenía la habilidad de saber exactamente que decir en cada momento: Nunca sus bromas molestaban, ni un consejo era humillante, ni una pregunta indiscreta y sobre todo, nunca hablaba más que los demás.

Cuando llegaba a casa cansado pero contento y mientras se cambiaba de ropa, se impregnaba del orden minucioso de las estancia, de su limpieza quirúrgica, de la cama sin una sola arruga y con el embozo doblado, exactamente, a 30 centímetros. Después abría la nevera cogiendo el táper correspondiente para esa cena, se aseguró de que los restantes estuvieran perfectamente alineados y la cerró. Colocó el mantel desechable y los cubiertos encima, exactamente, a 5 centímetros del borde. Consiguió, como tantas veces, terminar de comer sin que una sola miga de pan hubiera caído fuera del plato. Recogió, fregó, secó y guardó los utensilios.

Ya estaba preparado para abrir el tabernáculo. Sacó la cajita del armario y abriéndola, acarició morosamente los dos objetos: El mechero de Natalia, un Bic normal azul y el alfiler de oro de Damián. Los miró atentamente y escogiendo el mechero lo escudriñó con una lupa. Cada arañazo lo produjo un golpe, un diente, un hueso. Esa estúpida mujer que hablaba como una niña. Le desapareció la ñoñería con el primer guantazo. No olvidaba sus caras de asombro, al ordenarle que se tragara el encendedor. De rabia y dolor, al golpearla con él -y sobre todo- el terror animal cuando se lo sacó de las entrañas. El primer crimen es como el primer amor, todavía cuando veía un bic, se excitaba. Puso el encendedor de nuevo en la caja -desencantado porque había perdido su virtud- y tomó el alfiler. Recordaba que cuando lo vio brillar, supo que iba ha hacerlo. Damian !Qué fatuo! pensaba que lo tenía subyugado con su don de gentes y el desparpajo de su conversación. ¡No le llegaba ni a la suela de los zapatos! ¡Cuánto disfrutó mientras le hacía tragar el alfiler a fuerza de golpes! No se le ocurría nada gracioso entonces. ¡Cómo le estimuló el horror en sus ojos! ¡La estupefacción al retorcer sus tripas para extraerlo! Se aguijoneó tanto, que antes de sacarlo se vació. Guardó la cajita digustado. Necesitaba otra víctima, otras tripas.

Hacía tiempo que vio la insignia de la universidad de Oxford en la solapa de Alberto, el padre de Elena, a ese “pensador” la imaginación no le alcanzará para ver sus entrañas entre las setas, debajo de los pinos.